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miércoles, 26 de agosto de 2015

Prado, a little bigger

Como ya comenté en anteriores entradas de este blog, poco a poco el aforismo se va abriendo su pequeño hueco -por su propia condición sería absurdo que fuera grande- en la oferta editorial. La Isla de Siltolá ha iniciado su propia colección, que se suma a la de Renacimiento -"A la mínima"-, y a la esporádica apuesta de algunas otras, como Hiperión, que nos presenta ahora el tercer libro de aforismos de Benjamín Prado. Más que palabras devuelve al primer plano a un autor en permanente estado de gracia y, sin duda, uno de los cultivadores más brillantes de este microgénero. Como en las anteriores entregas, el nuevo volumen también se divide en varios bloques de cien aforismos cada uno que sólo parecen pretender dar una pausa al lector entre tanto destello ingenioso, pues la agrupación temática no se manifiesta en ningún momento.

Es difícil encontrar en los aforismos de Prado alguno colocado como mera ocurrencia o de relleno entre otros de mayor envergadura. Se nota que el autor se trabaja a conciencia cada pieza, buscando que brillen a un tiempo el continente y el contenido, el significado y el estilo. Las páginas de Más que palabras están repletas de hallazgos formales, de verdades como puños que, bajo la sencillez de una frase, se cargan de un sentido contundente y vivaz. Valgan algunos ejemplos: "El desamor consiste en transformar un flechazo en una puñalada", "sólo me pondré a tu nivel si luego me ayudas a incorporarme", "En cuanto vi lo que me esperaba a su lado, llamé al destino y anulé la reserva", "Hay quienes para descargar su conciencia necesitarían un vertedero". Los aforismos de Prado frecuentan la ironía y el sarcasmo -"hay quien confunde poner las cosas por escrito con escribir"-, y no eluden, por supuesto, las referencias a la realidad en que vivimos -"suscribir una hipoteca es que un banco se compre una casa con tu dinero", "un optimista del siglo XXI es quien ve la batería del móvil medio llena"-. En definitiva, perlas que merece la pena releer varias veces para degustarlas como se merecen: "hay quienes sólo te prestan oídos para después cobrarte intereses".

lunes, 8 de junio de 2015

The Reader´s Diary (XLII)

Dos nuevos títulos se incorporan a la estupenda colección "A la Mínima" que la editorial Renacimiento dedica a ese género tan inclasificable y agradecido como es el aforismo, lo que, sumados a la colección que también ha inaugurado para este fin La Isla de Siltolá, nos hacen albergar también -mínimas- esperanzas de que el arte de la greguería, de lo volatinero, alcance poco a poco el sitio que merece en los anaqueles de las librerías. Si estos esfuerzos son dignos de aplaudir no lo es menos el que un autor consagre casi toda su trayectoria a un género tan especial. Es el caso del navarro Ramón Eder que, si bien ha hecho también incursiones en los géneros de la poesía y el relato, cultiva casi en exclusiva este apunte breve, tan es así que incluso no puede evitar que se infiltre en sus otros libros.
Aire de comedia es un libro, valga la redundancia, breve, en el que también incluye algunas reflexiones de mayor extensión. Son los aforismos de Eder ocurrencias ingeniosas, chispazos que quizá no nos lleven a otra parte, pero que endulzan el día a día. Valgan algunas muestras: "La belleza sofisticada de la mujer pájaro", "Hay días en los que salimos líricos de casa y la calle está épica", o "El pez cuando muerde el anzuelo parece un ser humano". Como el propio título indica, domina un tono humorístico que esconde, las más de las veces, cierto escorzo hacia el humor negro o la doble apariencia. No siempre Eder se desenvuelve con el mismo ingenio, y en ocasiones, el aforismo no pasa del chiste fácil: "Uno no puede volver a sus 27 años, pero sí puede quedar para tomar café con una chica de 27 años". No obstante, su nuevo volumen de piezas breves es toda una invitación a mirar la vida desde un observatorio minimalista poco común.


Más hondura y capacidad reflexiva tiene en mi opinión el volumen de Gabriel Insausti, Preámbulos, dividido en varias partes según los temas abordados. Insausti, que ha tocado varios géneros como la poesía, la narrativa, la traducción o el ensayo -ha sido el último ganador del Premio Amado Alonso-, acumula aquí todo un baúl de aforismos muy lúcidos en los que se percibe un trabajo de revisión importante para lograr el doble efecto que debe poseer cada pieza: la ocurrencia o efectismo visual, y la reflexión o lo que podríamos llamar doble fondo. El autor de Cristal ahumado consigue esa empatía con el lector a través de breverías basadas en situaciones reconocibles que cobran una nueva dimensión en su corsé extensivo, ya sea por el fogonazo lírico, el ver más allá de lo real, o por la pura belleza estética. Los hay para todos los gustos: irónicos -"¿El fin de la civilización cristiana? ¡Si todavía no ha empezado!"-, los que juegan con la lógica -"Para estrechar los lazos con un aliado no hay como elucubrar un enemigo común"-, optimistas -"Con raras excepciones, las únicas causas por las que merece la pena luchar son causas perdidas"-, chistosos -"A cierta edad, la aceleración de la Historia se percibe en el ritmo al que se suceden los pañales"-, o simplemente brillantes -"En la historia de las civilizaciones todavía no se ha inventado el parto sin dolor".
Es esa habilidad de Insausti para ser conciso y punzante hablando de cuestiones vitales o asuntos históricos la que convierte a estos Preámbulos en una joya -pequeña, por supuesto- que nadie debería perderse en estos tiempos de abundante quincalla barata.

lunes, 28 de abril de 2014

The Reader´s Diary (XXXI)

A falta de encarar la última entrega de las aventuras de Bernie Gunther -Un hombre sin aliento (RBA, 2014)-, puedo certificar que Praga mortal (RBA, 2012) es una de las mejores de la serie. Ambientada en buena parte en la hoy tan turística ciudad natal del protagonista y entonces difícil y resistente sede del imperio nazi, la novela discurre continuamente por el filo de las dobles verdades, los engaños y las traiciones que despistan incluso a un detective tan de vuelta de todo como el bueno de Gunther, de quien, como es habitual, afloran aquí sombríos retazos de su pasado. Como ya nos tiene acostumbrados, Kerr se infiltra con un dominio magistral en las altas esferas del Tercer Reich, dibujando retratos acerados hasta del monigote más bajo en el escalafón de su compleja estructura de mando. Escenas tan desasosegantes como la de la tortura final merecerían un hueco de honor entre las mejores páginas de la serie.
Algo tarde he afrontado también la lectura de la novela finalista del Herralde del pasado año. Intento de escapada (Anagrama, 2013), de Miguel Ángel Hernández, demuestra ante todo que el autor conoce bien el tema que pisa: las veleidades y tejemanejes del arte contemporáneo. La novela está presidida en todo momento por la duda moral de si todo es válido desde el punto de vista artístico al colocar en lugar preferente de la acción a un artista especializado en instalaciones y happenings al límite de lo legal. En un plano similar al del lector se sitúa el protagonista, un joven universitario que hace de cicerón del artista al tiempo que inicia un aprendizaje a marchas forzadas de su dudoso futuro mundo laboral y de ciertas formas de amor llevadas igualmente al límite. Y quizá sea eso lo que lastra un tanto la novela, ya que la óptica del joven arrastra una escritura que roza lo pueril, quitándole fuerza a los hechos narrados.
Un joven universitario es también el protagonista de la tercera novela del poeta Luis García Montero, Alguien dice tu nombre (Alfaguara, 2014), novela de iniciación sexual que retoma un tema que se ha convertido ya en una especie de subgénero en literatura y cine: la relación apasionada entre el joven y la mujer madura. El autor de No me cuentes tu vida sitúa la acción no en la Granada de su propia juventud, sino en la de veinte años atrás, la de los sesenta, todavía enfangada de un franquismo otoñal y de un reaccionarismo algo apelmazado. A pesar de que no aporte ningún elemento original, la novela se lee con agrado por la siempre bien elaborada prosa de LGM y la inesperada vuelta de tuerca final.
Precisamente un compañero de espadas en esa Granada posterior de la transición democrática, Álvaro Salvador, nos regala un librito de aforismos, La vida no te espera -Renacimiento, 2014-
, esos que él define en su prólogo como un "verdadero canto a la pereza". Tendremos que darle la razón, ya que buena parte de ellos no parecen muy trabajados y caen en la obviedad o el laconismo sin chispa. No obstante, algunos descuellan con ese fulgor que se echa de menos en el volumen: "Quienes se preocupan constantemente por alcanzar la felicidad, se pierden la vida" o "No quiero llegar a ser un museo de mí mismo". Quizá lo más original de este batiburrillo de pensamientos sea la idea del autor de repescar frases de películas, pintadas u objetos personales dignos de convertirse en literatura, que a fin de cuentas es lo que cuenta. 

lunes, 24 de marzo de 2014

The Reader´s Diary (XXX)

Posiblemente ya se haya dicho todo sobre Intemperie (Seix Barral, 2013), la ópera prima del novelista Jesús Carrasco que se ha convertido -si usamos términos cinematográficos- en el "sleeper" de la temporada literaria. El manuscrito quemaba en las manos de los editores, quienes no tuvieron tiempo de corregir las galeradas y ver el libro impreso cuando ya habían firmado la traducción a numerosos países. Pasados ya unos meses del boom mediático, y ahora que he tenido oportunidad de encontrar un hueco para su lectura, la pregunta es obvia: ¿realmente era para tanto? Rotundamente sí. La primera novela de Carrasco está escrita con una maestría incontestable, fruto sin duda de muchos años de escritura solitaria, sin buscar las alharacas de los premios ni la pleitesía a las corrientes o fenómenos literarios de moda. Carrasco ha meditado bien su salida a la palestra, buceando en los clásicos de nuestras letras -son innegables las deudas con Delibes, Cela, incluso con el olvidado Francisco Rivero y su incomparable Matabueyes- y en los sólidos valores de la litetura foránea -McCarthy y La carretera como referencia más evidente- para hilvanar una novela extraordinariamente sólida, donde cada palabra está puesta a conciencia, las imágenes impactan por su contundencia y desnudez, y la trama -dura, demoledora- va dejando pequeñas pistas que el lector agradece para sentir la violencia en pequeñas dosis. La noticia de que Intemperie va a ser llevada al cine no puede sorprender a nadie, ya que la novela transpira celuloide en cada página, como si hubiera sido escrita ya con esa condición como cláusula irrenunciable del contrato. Las grandes primeras novelas siempre nos dejan la inquietante pregunta de cuál será el siguiente movimiento del autor. De lo que estamos seguros es de que su nombre debe figurar ya en los diccionarios de nuestra literatura.
Mucha menos repercusión, como él mismo se encarga de recordar en varios de sus aforismos, tendrá en los suplementos literarios el libro de Karmelo C. Iribarren Diario de K. (Renacimiento, 2014), aparecido en la espléndida colección "A la mínima" de la editorial sevillana. Los aforismos -valga la redundancia- siempre han sido un género menor en la literatura, a pesar de haber tenido excelentes cultivadores a lo largo de la historia. Iribarren, que aparece en la portada con una imagen que igual puede recordar a un lobo de mar que a un matón a sueldo, siempre ha transitado por el lado menos amable de la literatura, el de las ediciones cortas y de escasa difusión. Moviéndose siempre en esos márgenes poco comerciales, ha desarrollado una trayectoria marcada por cierto tono canallesco que no elude la lírica, optando siempre más por la contundencia de la imagen que por la finura estilística, imponiéndose claramente en esta vertiente a otros coetáneos suyos como Roger Wolfe. Diario de K., escrito al bulto, sin aparente orden estructural, acumula sentencias y aforismos que se intercalan con reflexiones a modo de pequeños poemas en prosa que tienen la virtud de hacer parada y descanso entre tanto chispazo. Los aforismos de Iribarren discurren entre la ocurrencia y el fogonazo, siendo pocos los que te dejan indiferente. Sabe darle la vuelta a los dichos populares sin buscar grandes respuestas, sólo la belleza o la rotundidad de una imagen cotidiana -"Los paraguas mueren por ti", "Las ilusiones perdidas siempre se las encuentran otros"- cuya aplastante vistosidad y fulgor casi siempre compartimos. Cuando vayan a la librería, sáquenlo de la estantería y pónganlo a la vista, aunque ello signifique contradecir el espíritu del autor. La literatura se lo agradecerá.

miércoles, 5 de marzo de 2014

The Reader´s Diary (XXIX)

Me he referido aquí en alguna que otra ocasión a los libros de aforismos del cántabro Lorenzo Oliván (1968), que recomiendo encarecidamente. Se trata de una faceta más de una obra que incluye la traducción, la crítica literaria, la edición de antologías, la organización de ciclos poéticos y la dirección de revistas literarias, además de su género más cultivado, la poesía, en cuya trayectoria Nocturno casi (Tusquets, 2014) viene a sumar su quinto eslabón. En un tono más críptico que los anteriores, Oliván vuelve a sus temas preferidos: la mirada asombrada ante el mundo, la exigencia del poeta para dar respuestas, la levedad del ser, la comunión con la naturaleza... Quizá los hallazgos formales no sean tan brillantes como en títulos anteriores, y hallar un sentido unívoco en tanta espesura de ideas no sea tarea fácil, pero su apuesta por transitar caminos ya hollados con una mirada limpia y siempre interrogante asegura relecturas y momentos espléndidos: "Pasa la luz / rozándome la piel / y no sé si se bate en retirada / o hace de mí / su más sutil conquista".
Una impresión similar he sacado también de la última propuesta cuentística de mi admirado Sergi Pàmies, Canciones de amor y lluvia (Anagrama, 2014), quien alterna piezas redondas con ese talento de orfebre que le ha situado en el olimpo de los escritores de relatos de nuestro país, con otras muestras más descafeinadas que parecen gustarse a sí mismas más que buscar el efecto sorpresa o esas piruetas estéticas que tanto agradecemos sus lectores. De este modo, se impone la ocurrencia, el toque humorístico y el descuido formal antes que la exigencia de un relato bien trabado que nos transporte a esa dimensión donde moran los bendecidos por los cánones del género. El protagonizado por Paul Auster y su mujer puede ser una buena prueba de lo que expongo: posiblemente Pàmies se base en una experiencia personal suya o de alguien cercano, pero quizá eso no baste para construir un buen relato si no hay algo más que trascienda la mera anécdota. Se advierte un tono general apresurado, como si el autor de La gran novela sobre Barcelona no hubiera tenido tiempo de organizar sus ideas ni seleccionar entre la gavilla de canciones que tenía para su nuevo álbum. No obstante, un Pàmies menor sigue siendo mucho Pàmies, por lo que el disfrute está garantizado.
De quien no nos cabe ninguna duda de que organizara con escrúpulo sus ideas es de Robert Louis Stevenson, cuya faceta menos conocida, la de articulista y ensayista, se presenta ahora en un enjundioso volumen preparado por Amelia Pérez de Villar (Páginas de Espuma, 2013). Quien, como un servidor, sólo hubiera tenido ocasión hasta ahora de leer sus novelas, cuentos y libros de viajes, se llevará la agradable sorpresa de que Stevenson cultivó con prodigalidad la crítica literaria, exhibiendo una loable capacidad para adentrarse en la creación de algunos de sus contemporáneos y autores que, de un modo u otro, dejaron huella en su forma de concebir la literatura. Escribir. Ensayos sobre literatura reúne todos los textos que se conocen del escritor escocés, desperdigados en periódicos, revistas y volúmenes diversos. Aunque uno no haya leído muchas de las obras que se citan ni siquiera a los autores, la pasión y la claridad de ideas de Stevenson es tan adictiva que merece la pena por sí misma, por la simple forma de exponer lo que quiere decir, sus argumentos y disquisiciones, comparta o no lazos con el autor y obra en cuestión. Ya aborde a Shakespeare, Thackeray, Pepys, Whitman, Burns, Hugo, Thoreau o Villon, lo hace siempre desde la barrera de la ecuanimidad, valorando pros y contras, desentrañando tramas y retazos biográficos que aderezan un discurso trufado de ideas enriquecedoras y presentado con un caligrafismo admirable. En este magnífico volumen se localizan también los escritos en los que Stevenson habla de su propia obra en sincero diálogo con sus lectores e incluso algunos más personales en los que evoca su infancia y adolescencia, una verdadera delicia para todo buscador de rarezas. Hay que agradecer sin duda a la editorial que nos haya brindado la oportunidad de conocer a ese genio llamado Stevenson en bata y zapatillas.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Give me five (2013)

No, no he dejado de escribir, sólo me he tomado una breve pausa para leer más y mejor. Por eso, apelo a la manida sentencia de "no están todos los que son, pero sí son todos los que están" para dejaros, como hice a finales de 2011, mi lista de los mejores del año que acaba, esperando que el 2014 traiga tan buena cosecha como la presente. Mis mejores deseos literarios para todos:

Narrativa: 1. Prohibido entrar sin pantalones. Juan Bonilla (Seix Barral) / 2. Shakespeare y la ballena blanca. Jon Bilbao (Tusquets) / 3.  Técnicas de iluminación. Eloy Tizón (Páginas de Espuma) / 4. El libro de los pequeños milagros. Juan Jacinto Muñoz Rangel (Páginas de Espuma) / 5. Coral Glynn. Peter Cameron (Libros del Asteroide).

No ficción y otros géneros: 1. El banquete de los genios. Manuel Hidalgo (Península) / 2. La arquitectura del aire. Carlos Marzal (Tusquets) / 3. Mirador. Pilar Pardo (Canto y Cuento) / 4. Todo lo que era sólido. Antonio Muñoz Molina (Seix Barral) / 5. Instrucciones para fracasar mejor. Miguel Albero (Abada).

viernes, 1 de marzo de 2013

Funambulista de la palabra

No hace mucho hablé aquí de la honda impresión que me había causado el libro de Benjamín Prado Pura lógica. Ahora tengo la ocasión de hacer lo propio con otro de los grandes aforistas de nuestro país. Carlos Marzal publica La arquitectura del aire (Tusquets, 2013), un abultado libro de más de mil aforismos repartidos en diez capítulos, muchos de los cuales proceden de su muy recomendable blog País portátil, especializado en esa suerte de género tan exigente. Con una portada que muestra un collage preparado ex profeso por otro gran prestidigitador de palabras, Felipe Benítez Reyes, el libro de Marzal, que contentará a sus seguidores mientras tratan de adivinar su próxima jugada -poemario, novela, relatos...-, es un peligroso bebedizo que causa adicción y puede llevarnos facilmente al empacho, al abotargamiento de nuestros sentidos. Es recomendable leerlo por capítulos, tal como el autor nos lo presenta, división sustentada en sutiles líneas temáticas que se van, podríamos decir, retroalimentando, jugando con las posibilidades que ofrece el hallazgo, como si se tratara, y esto ya es rizar el rizo, de una conjugación del aforismo. Valga una muestra encadenada: "El placer de renunciar al placer", "El placer absurdo de renunciar al placer", "El placer absurdo de renunciar al placer del absurdo", "No existen los placeres absurdos".
Detrás de la mayoría de los aforismos de Marzal -siempre hay alguno más juguetón o con una resolución más obvia- se esconde una gran carga de profundidad, que bascula entre variadas expresiones, lo solemne -"La conciencia desarrolla su óxido y su verdin"-, lo trágico -"Temo que no encontraré el momento para despedirme del mundo"-, lo divertido -"Los tondos que nos aprecian nos lo ponen un poco más difícil"- o el sentimiento de nostalgia -"Perdemos cosas para regalárselas a nadie"-. Pero, como en todo gran aforista, siempre brilla ese mágico equilibrio de la lógica aplastante y la exhibición estética. Marzal afina el oído y la pluma para encontrar esa resolución que alarga la vida del aforismo y lo aleja del mero formalismo verbal, del juego festivo pero vacuo. Sería imposible enumerar aquí las muestras más brillantes de un repertorio tan exquisito y variopinto, pero me resisto a dejar de transcribir algunos que me han provocado ese temblor que sólo sabría describir el propio Marzal: "Vivir en ensayar resurrecciones", "Estamos escritos con tinta: y luego llueve", "Vivir es disponerse a que todo se nos quiebre", "El que no espera sorpresas no sabe lo que le espera".

viernes, 18 de enero de 2013

Magia con doble fondo


No hace mucho comentaba en este mismo blog un modesto librito que había aparecido sobre el famoso circo Barnum. Los entresijos del mundo editorial son tan insondables que mis palabras parecen haber sido escuchadas con la reciente publicación de El gran salto. La asombrosa historia del circo, de Raúl Eguizábal (Península). En esta voluminosa, documentada y valiosa obra se traza un recorrido historiográfico por el llamado mayor espectáculo del mundo rescatando números imposibles y fascinantes, personajes y artistas muchos de los cuales merecerían su propia biografía, concepciones diferentes según el ámbito geográfico, numerosas anécdotas dignas de recordar y familias y empresarios, como el citado Barnum, que apostaron su fortuna y su vida por avivar la ilusión de niños y mayores. El abultado campo de investigación, que comprende desde los primeros conatos circenses en las cortes monárquicas o en el lejano oriente hasta las novísimas propuestas del Circo del Sol, requería, por supuesto, meter la tijera, pero también una estructura que delimitara las diferentes propuestas que puede ofrecer la carpa. De este modo, Eguizábal divide su trabajo -profusamente ilustrado además con fotografías, dibujos, recortes de prensa o programas de mano- en una serie de categorías o especialidades que le permiten no dejar ningún cabo suelto y poner orden en la confusa y tupida maraña de cachivaches y aparejos que arrastran los carromatos de un pueblo a otro: tenemos a los acróbatas y trapecistas, a los domadores, a los caballistas, a los magos e ilusionistas, a los forzudos, a los hombres bala, a los lanzadores y, por supuesto, a los freaks o fenómenos de feria. Evitando la prolijidad y los excesos, Eguizábal sabe ser ameno logrando esa mágica concordancia entre continente y contenido tan difícil de obtener a veces.
Algo de magia tiene también el último libro de Benjamín Prado. Si el relato debe atesorar la difícil virtud de tener las palabras precisas, el aforismo es, quizá junto al haiku, el género literario que más se puede parecer a un juego de ilusionismo donde el mínimo error puede hacer, como en el circo, que el equilibrista se trastabille o el domador sufra el desagradable arañazo del león. Condensar una idea o un sentimiento en apenas una o dos frases provocando la sorpresa, la emoción y el puro goce estético es un logro que sólo está al alcance de muy pocos. Entre los más grandes podríamos citar a Canetti, Rilke o Kafka, y ya en la literatura española contemporánea me quedo con Lorenzo Oliván o Enrique Baltanás, cuyo libro también comenté por aquí. Nada menos que quinientos aforismos reúne Prado en Pura lógica (Hiperión, 2012), repartidos de centena en centena para dar descanso al lector y dejar que saboree como debe perlas como las que nos regala: "No hay peor ahogado que el que se hunde en lo superficial", Acariciarla era ir desdoblando un mapa", "Invadir es quedarse con los problemas de los enemigos", "No persigas lo que no quieras que te alcance", o "Una historia nunca puede escapar del sitio en el que ocurrió". En el debe de la edición, sólo anotar el desliz en la repetición de algún aforismo o la intrusión de alguna cruel errata que desvirtúa el efecto pretendido al hacerse notar demasiado en un espacio tan reducido.