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martes, 27 de mayo de 2014

The Reader´s Diary (XXXII)

La única vez que estuve en Shakespeare&Co. tuve la sensación de que todo lo que había oído de ella respondía a la más fiel realidad. Allí estaba el gato campando a sus anchas sobre una pila de libros colocados de cualquier manera, los clientes no se diferenciaban de los empleados, los turistas no paraban de hacerse fotos en la fachada o el interior, y uno podía perderse por los infinitos laberintos de la librería subiendo escaleras y atisbando las habitaciones superiores que supuestamente daban cobijo a escritores en ciernes o necesitados de albergue provisional. Como ya reseñé mis impresiones en un artículo para Clarín, me limitaré a destacar que el libro de Jeremy Mercer, La librería más famosa del mundo (Malpaso, 2014), una suerte de novela autobiográfica sobre su paso por el establecimiento, ayudará a perpetuar esta imagen para quienes todavía no hayan tenido la oportunidad de visitarla. Su protagonista, joven periodista canadiense en busca de sí mismo, recala en la librería gracias al boca a boca y se queda allí una larga temporada contándonos su extraño funcionamiento, las idas, venidas y relaciones de sus nómadas residentes, y los delirantes cambios de humor de su impagable propietario. El libro se lee con agrado gracias a una prosa limpia y entretenida que se aprovecha de un material que aúna la leyenda y lo verosímil.
Muy entretenida también, con un aire de cómic y novela policíaca desenfadada, se presenta El hombre sin rostro (Salto de Página, 2014), novela que podría parecer de transición en la trayectoria del sevillano Luis Manuel Ruiz, tras grandes logros como su debut en El criterio de las moscas o en la novela histórica -Tormenta sobre Alejandría-. Ruiz es un escritor de prosa elaborada, de los que cincela el estilo con primor. Aquí nos lo vuelve a demostrar con esta novela ambientada en el Madrid de principios del siglo XX, en la que la posibilidad de desvelar un importante proyecto científico secreto sembrará la inquietud ciudadana con una serie de muertes aparentemente accidentales. A pesar de su tono menor, casi de "pulp" o "serie b", la novela de Luis Manuel Ruiz es sumamente adictiva y atesora algunos pasajes sin desperdicio, haciendo alarde de un humor a prueba de bombas.
Ignoro si Andrés Neuman también ideó Barbarismos (Páginas de Espuma, 2014) como un libro de transición, ampliación de la sección del mismo nombre que ha ido apareciendo en el suplemento El Cultural, pero si es así, nos gustaría que sus recesos entre novela y novela, o entre novela y poemario, fueran más largos, como esos minutos de descuento que nunca acaban. Prologados por un José María Merino que, para mí, se queda corto en los elogios, estamos -valga la fácil alusión- ante una obra bárbara, digna de figurar entre las mejores creaciones de su joven autor. Como muchos ya conocerán buena parte del contenido, no voy a desvelar ninguna de las definiciones añadidas de este diccionario malévolo y extraordinariamente ocurrente, imaginativo y contundente, poético y estrafalario, punzante y categórico. Quiero pensar que detrás de cada definición hay horas de meditación, de darle vueltas al matiz más sugestivo de cada palabra, de sorprender al lector con un giro inesperado, pero no por ello más plausible. De lo contrario, la genialidad de Neuman me convencería por fin de que no es de este mundo.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Lecturas de verano (I)

Después de un largo tiempo sin dar noticias, me propongo aventar este pequeño rincón más a menudo. De momento, empiezo con un somero repaso de algunas últimas lecturas:

Sesión continua. Luis Manuel Ruiz (Algaida). Autor ya de seis novelas de fuste, el escritor sevillano publica su primer libro de cuentos gracias a la consecución del Premio Iberoamericano de Relatos Cortes de Cádiz. Haciendo gala del brillante estilo al que nos tiene acostumbrados, el autor de El criterio de las moscas pergeña varias obras maestras en un volumen que toca varios géneros, con cierta predilección por el fantástico. Por cierto, aviso para Luis Manuel: da un toque a la web de "La Casa del Libro" para que cambien tu foto. Ese no eres tú.

Unos por otros. Phillip Kerr (Rba). Cuarto título de la ya imprescindible serie "Berlin Noir" que, como su propio título indica, es una fascinante fusión de novela negra en la Alemania pre y post-Nazi. El "tough-boy" Bernie Gunther, nostálgico de la República de Weimar, hace una vez más encaje de bolillos para salir de las situaciones más apuradas, sin dejar, como buen representante de la clásica escuela, de coquetear con el sexo opuesto y tratar de llevar lo mejor posible su particular ética. El viaje a México, del que espero hablar en breve, se me hizo mucho menos largo con su compañía.

Novela familiar. Blas Matamoro (Páginas de Espuma). Galardonada con el III Premio Málaga de Ensayo, esta curiosa obra se introduce en el universo del escritor desde una óptica privada y genética. A través de infinidad de pequeñas biografías, Matamoro viene a desmentir aquello de "de tal palo, tal astilla", pues aunque los padres pueden jugar un papel fundamental en la obra futura del hij@ escritor -léase Kafka, por ejemplo-, también puede ser una influencia pasiva o ser completamente ninguneado por su vástago. Padres, madres, hermanos, hermanas y otros familiares, desfilan por unas páginas que nos descubrirán orígenes y episodios que quizá nos eran desconocidos.

Papel y plástico 2. Oscar Lombana (Astiberri). Como ya ocurría en el primero, el segundo tomo de Papel y plástico es un asalto a mano armada al corazón de la nostalgia: juguetes, cromos, series, álbumes, muñecos, chucherías, cachivaches... Todo tiene sitio en este festival orgiástico -en el sentido revival, se entiende- para los sentidos de los que ya comenzamos a peinar canas. Al prurito exhaustivo de Oscar en su cacería por tiendas, librerías y friki-houses de toda España se suma su ingenio para intercalar anécdotas o bromas personales. Por cierto, Oscar, gracias por partida doble: por incluir los kalkitos y por acordarte de mí en las dedicatorias.

Manhattan por el retrosivor. José Luis Ordóñez (Mandocohete). A José Luis le conozco desde hace varios años y puedo dar fe de su inquebrantable pasión creativa: cortometrajes, obras de teatro, novela, relatos... En Manhattan funde con acierto dos de sus pasiones: la escritura y el cine, ya que los cuentos -con una ambientación más o menos unitaria en espacio y temas- se pueden ver como cortometrajes rodados plano a plano con la pericia del que sabe dónde poner la cámara. Algunos más redondos que otros, los cuentos aquí incluidos revelan a un narrador con gran capacidad de fabulación que debe explotar -quizá el nombre de su editorial sea una advertencia- en cualquier momento.

martes, 13 de octubre de 2009

¡Hip, Hip... Hipatia!


Cuenta Luis Manuel Ruiz en su blog que a los pocos meses de comenzar a redactar Tormenta sobre Alejandría conoció la noticia del entonces proyecto de Alejandro Amenábar sobre Hipatia de Alejandría, una casi perfecta desconocida en la historia de la antigüedad y revivida ahora por arte y gracia de los mass media. Novelas, pseudobiografías, películas, páginas web y presumiblemente videojuegos nos retratraerán a una época fascinante y a la figura de una mujer cuya principal valía consistió en ascender al olimpo de la sabiduría en un tiempo dominado por el género masculino que arrinconaba al sexo opuesto a un papel pasivo y de servidumbre. No es de extrañar, por tanto, que su hallazgo -quizá Luis Manuel también escuchó hablar de ella en la serie Cosmos, de Carl Sagan- suscitara en los creadores contemporáneos nuevos motivos para incursiones artísticas.

Fue el caso de Luis Manuel que, a pesar de encontrarse con la gigantesca sombra del megalómano proyecto de Amenábar, decidió seguir adelante con una historia que, si bien no tiene a Hipatia como protagonista, sí la sitúa en un lugar destacado. En lo personal, me resulta cuando menos curiosa que la lectura de esta ya sexta novela en la trayectoria del escritor sevillano me haya coincidido con la de El nombre de la rosa -ese clásico que siempre va uno postergando entre el aluvión de novedades del mercado-, pues ambas guardan muchos puntos en común: el esclarecimiento de unos crímenes, la poderosa presencia de la religión y la decisiva intervención de los libros en el desarrollo de la trama.

Haciendo gala de su habitual estilo rico en metáforas y descripciones detalladas -se nota que Luis Manuel se ha empapado de manuales de historia para recrear convincentemente la época-, el autor de El criterio de las moscas hilvana una apasionante intriga repleta de personajes con muchos matices y donde la trepidante acción no está reñida con las discusiones filosóficas tan caras a la época y los diálogos trufados de citas bibliográficas. En Tormenta sobre Alejandría sentimos la arena penetrando en las sandalias, el aroma de las ambrosías gastronómicas, la irrefrenable sensación de caminar por los laberínticos pasillos de la famosa biblioteca. En su novela Luis Manuel ha rendido homenaje a una época irrepetible y, sobre todo, a una forma de entender el conocimiento hoy desaparecida, como las cenizas del tesoro impreso más importante de la humanidad.