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miércoles, 6 de mayo de 2015

The Reader´s Diary (XLI)

En su colección "Discos que marcaron una época", la editorial Quarentena dedica su última entrega a los dos primeros discos de la banda británica The Smiths, el que lleva el mismo nombre que el grupo y Hatful of hollow, que incluyó diferentes versiones de canciones que ya aparecían en el anterior junto a otros temas inéditos. Quizá no sean los mejores de una formación de carrera exigua (1983-1987) pero fundamental en el devenir de la música pop británica. La elección de Marcos Gendre, autor del volumen, se debe sin duda al aldabonazo que supuso la irrupción de The Smiths en el panorama musical de la época, ya no sólo por la originalidad y calidad incontestables de su sonido y sus letras, sino por la irresistible atracción que desprendían su forma de comportarse, sus opiniones y su forma de encarar el hecho musical. Seguramente discos posteriores como esa obra maestra que es The queen is dead y su testamento discográfico Strangeways here we come, gestados ya en plena madurez del grupo, deberían figurar como sus obras más emblemáticas, pero el factor que ha primado aquí es la innovación, el aire fresco que supusieron ambos discos primerizos. Gendre desmenuza cada canción, se detiene en sus arreglos, diferentes versiones, sus letras, sus fuentes de inspiración e influencias posteriores, hasta determinar la importancia de su alcance. Morrissey y Johnny Marr concibieron con ellos todo un universo efímero pero de notoria huella en la historia del pop universal. La editorial Quarentena nos lo recuerda y, de paso, le abre su fascinante puerta a todo aquel -pocos, me temo- que aún no hayan tenido el gusto de conocerles.

No voy a decir que el universo que describe el sevillano Daniel Ruiz García en su nueva novela -Todo está bien (Tusquets, 2015)- también es fascinante, porque mentiría como un bellaco. Es más bien sucio, maloliente y desagradable, nada, no obstante, más lejos de la realidad, pues es el que hemos respirado en los últimos años en esta parte del hemisferio sur en la que nos ha tocado vivir. Políticos emponzoñados por un poder que otorga carta blanca para cualquier dislate, periodistas de mala vida que -fieles a su deontología profesional- tratan de pararles los pies o cuando menos denunciar su modus vivendi, parias de un sistema que nunca da una nueva oportunidad a sus víctimas, y la nueva figura del que podríamos llamar "self-made-men-rrss", es decir, quien se aprovecha del nuevo panorama surgido con las redes sociales para crearse un nombre sin aparente esfuerzo. Cada uno de ellos tiene su protagonismo en esta novela coral que va saltando de uno a otro, pero sin perder de vista el cordón umbilical que les une a todos, que no es otra que la realidad más cercana y tangible, ofrecida sin maquillaje, de forma descarnada, agria y sin concesiones, con ramalazos de humor negro y escenas de alta tensión que el autor, quien ya nos ha acostumbrado a su vigoroso pulso narrativo, nos presenta con todos sus colores en poco más de doscientas páginas. Vamos, casi un documento social de la España de pandereta, pero con indudable valor literario.

lunes, 16 de junio de 2014

The Reader´s Diary (XXXIII)

Muchas son las antologías que se han ido publicando en los últimos años del género del relato breve. Las ha habido temáticas, cronológicas o topográficas según el criterio elegido. La especialista Ángeles Encinar, que ya coordinó anteriormente para Cátedra otra antología sobre el cuento español contemporáneo, reincide ahora sobre la cuestión con una selección rabiosamente actual sobre la narrativa corta publicada en nuestro país en las dos últimas décadas -El cuento español actual (1992-2012)-, décadas en las que la situación, pese al pesimismo que preside el panorama editorial, parece haber mejorado para el género con la irrupción de numerosos autores, la creación de editoriales, revistas y blogs especializados, o una concesión más generosa de los grandes grupos. Soslayando el siempre impepinable tema de las ausencias, la muestra que Encinar ofrece es bastante representativa del quehacer cuentístico y la vitalidad de un género reconocido sobre todo por su calidad y la diversidad de temas y estilos. Cada cuento va precedido de un pequeño currículo de cada autor y sus respuestas a una minientrevista sobre la cuestión. Un libro sin duda de cabecera para futuras generaciones.
Para una generación The Smiths fue también un grupo de cabecera. La brevedad de su periplo como formación -apenas un lustro- unida a la singularidad de su propuesta estético-musical, les hicieron amados y odiados a partes iguales, convirtiendo en himnos algunas de sus canciones y en verdaderos iconos de la música pop algunos de sus álbumes como The queen is dead. Sin intención de convertirse en un libro de referencia sobre el grupo de Manchester -pues Luis Troquel acuñó la bibliografía básica en su libro publicado en Cátedra-, The Smiths. Música, política y deseo (Errata Naturae, 2014) recopila artículos, en su mayoría ya publicados, que abordan la filosofía y significación del grupo desde diferentes ópticas: la política, la homosexualidad, las letras, la iconografía, etc., logrando un caleidoscopio de miradas que abarcan desde la mitomanía al descreimiento.
Algo de mítico comienzan a tener también las dos ligas consecutivas que ganó el Athletic de Bilbao en la primera mitad de los ochenta, y que un servidor, "león" por herencia paterna, recuerda haber celebrado pegado a un transistor, cuando había que esperar a "Estudio Estadio" para ver el resumen de los partidos. Desde entonces, el Athletic ha perdido tres finales de la Copa del Rey y una de la Europa League, y como los futuros éxitos se ven, debido a la hegemonía presupuestaria de los "grandes", cada vez más difíciles, parece oportuno deleitarse con la reedición del libro que el periodista Pantxo Unzueta publicó en 1986, al calor de los grandes éxitos de una generación que pareció quebrarse con el lamentable affaire Clemente-Sarabia. De este asunto, y de otros muchos éxitos, fracasos y evocaciones, habla largo y tendido Unzueta en ¡A mí el pelotón! (Corner, 2014), bocados de la historia de un club sin duda peculiar y reconocible que llegó en sus buenos tiempos a tener diez jugadores titulares en la selección española. La repesca se completa con una serie de artículos publicados por el periodista desde entonces hasta la actualidad, pinceladas de una historia algo más gris pero siempre rojiblanca. 

domingo, 24 de febrero de 2013

El estribillo de la autopista

Julio de la Rosa tiene cuarenta años, sí, pero ya le ha dado tiempo de vivir varias vidas, algunas pasadas como la de sus proyectos musicales El hombre burbuja y Fantasma #3, y otras paralelas, repartidas en sus distintas y perfectamente compatibles facetas de escritor, músico independiente -su último trabajo, Pequeños trastornos sin importancia- y compositor de bandas sonoras para el cine y la televisión -entre las primeras, una decena de títulos con El amor no es lo que era como próximo estreno, y entre las segundas, canciones pegadizas para series como Física y Química o El síndrome de Ulises-. La editorial de su último libro y primera novela, la estupenda Tropo Editores, no ha perdido la oportunidad de calificarle como un hombre del Renacimiento, y es que Julio puede pasar de versionar a Marisol, Leonard Cohen o Echo&The Bunnymen, a escribir dos libritos de prosas cortas y contundentes -fogonazos de pura rabia que hablan de la vida misma- o una novela sobre un tipo encerrado en la cabina de peaje de una autopista, ese trabajo que muchos conductores hemos asociado a una tumba vital y algunos escritores hemos envidiado secretamente.
Al protagonista de Peaje nos lo imaginamos con los rasgos físicos de Julio de la Rosa, aunque él nunca haya trabajado en algo tan mecánico e impropio de alguien tan creativo e inquieto. Sin embargo, sus reflexiones, su modo de conducirse, y algunos detalles filtrados de su vida personal, bastan para convencernos de que Julio ha puesto mucho de sí en Jose, un ser descreído, dueño de un observatorio privilegiado que le permite fantasear sobre las vidas ajenas y construir microrrelatos con un fondo de verdad. Jose no se limita a cobrar el peaje, sino que interactúa con los usuarios, ganándose reprimendas, respuestas ingeniosas o incluso algún que otro polvo. De la Rosa parece querer decirnos que un trabajo tan anodino y deprimente sólo puede combatirse con muchas dosis de optimismo y continuas escaramuzas al universo privado, capaz de combinar la realidad palpable de las esquelas -uno de sus grandes antídotos contra la depresión- con la ficción, a veces surrealista pero también plausible, de las vidas de los otros.
Para su interesante propuesta, el autor de Diez años foca en un circo elige el ensamblaje adecuado, una prosa rápida, casi vertiginosa, que alterna pensamiento y diálogo -con los otros, con uno mismo- en el interior de una canción, una melodía, que se repite insistentemente con machaconería: "seis cuarenta, por favor, seis cuarenta, gracias...". No podía esperarse otra cosa de alguien que vive la música desde dentro.

martes, 15 de enero de 2013

Colosal

El reto de Tom Hooper después de su aclamada El discurso del rey (2010), ganadora de 4 Oscars, no era modesto: nada menos que una adaptación del musical de Claude-Michel Schönberg y Alain Boublil sobre la novela de Víctor Hugo, llevada al cine y la televisión en multitud de ocasiones casi desde los primeros tiempos del cine mudo. El resultado, salvando la opinión de agoreros y algunos puristas, no ha podido ser más espectacular. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un musical que nos trae a la memoria los grandes momentos de un género que parece resucitar cada cierto tiempo. Sólo tenemos que acordarnos de las recientes aportaciones de Woody Allen o Lars Von Trier para confirmar, para quien todavía tenga dudas, que el musical tiene aún sobrado público en el cine de consumo actual, tan mermado por las comedias infantiloides y la falta de ideas. Los miserables rezuma puro cine por los cuatro costados, desde su prodigiosa puesta en escena -valga como muestra la impresionante escena inicial del arrastre del buque- hasta la hilazón de diferentes escenas con una misma canción, pasando por la soberbia interpretación de todos los actores -incluso el normalmente anodino Russel Crowe- y la maravillosa banda sonora. Hooper ha conseguido lo que a priori parecía imposible: superarse a sí mismo y aumentar las expectativas sobre su siguiente proyecto. El cine británico está de enhorabuena. El único pero es que el espléndido Hugh Jackman tendrá que coincidir en la terna con Daniel Day-Lewis encarnando a uno de los presidentes más queridos de Estados Unidos. Y contra eso no se puede competir.

martes, 17 de mayo de 2011

La Buena Vida


El desgraciado fallecimiento de Pedro San Martín posiblemente ponga punto final a una banda que marcó a toda una generación de melancólicos y soñadores, entre los que me encuentro. Tras la marcha de Borja Sánchez, fundador y guitarra principal del grupo, tras la publicación de Soidemersol (1997), uno de sus mejores discos, y, sobre todo, de la vocalista Irantzu Valencia en 2009, el grupo de Donosti parecía apostar su dubitativo futuro a una más que difícil reconversión en el complicado panorama musical nacional. No obstante, la muestra más reciente de su trabajo, el EP Viaje por países pequeños (2009) apostaba por mantener la línea cadenciosa y ajena a las modas que habían convertido al grupo en referencia indispensable de un cierto tipo de sonido, con reminiscencias de los 60, la chanson francesa, y ciertos aires de bossanova con exquisitos arreglos orquestales. Siete discos de estudio -algunos tan brillantes como el citado Soidemersol, Hallelujah! (2001) y Álbum (2003)- y un recopilatorio, amén de numerosos EP's, conforman la intachable trayectoria de un grupo especial, de esos que parecen anidar en un universo aparte, a salvo de imposiciones, tendencias programadas y listas radiofónicas, custodiados por una, quizá, no demasiado numerosa, pero fiel audiencia, entregada como pocas. Lo pude comprobar la única vez que tuve oportunidad de verles tocar en directo. Fue en la sevillana sala Fun Club hará cerca de diez años. Uno, que tiene mala memoria para recordar las letras, podía observar cómo a su alrededor buena parte de los asistentes canturreaban las canciones que, de un modo u otro, les habían reunido allí a pesar de albergar intereses y formas de vida contrapuestas. Es lo que tiene la música. Entre los detractores de La buena vida es frecuente tildarles de cursis y engolados, de lanzar mensajes ñoños para gente que roza los cuarenta, cuando no los supera. Respeto su opinión, ya que la música del grupo donostiarra parece detenerse milagrosamente en esa frontera que separa la sensibilidad a flor de piel de la mojigatería. Para los no iniciados les recomiendo darle tiempo, dejar que la música ejerza poco a poco su poderoso influjo. Aunque La buena vida deje de existir como grupo, su obra perdurará en los oídos menos acomodaticios a las radiofórmulas y los grandes éxitos.

Vídeo: Qué nos va a pasar

viernes, 31 de diciembre de 2010

Bobby Farrell no verá el 2011

Dejando de lado su azarosa biografía, digna de ser novelada, con episodios oscuros y de indudable bajeza moral, y aunque no pueda, a su pesar, pasar a la historia como cantante -pues era el productor el que ponía la voz masculina del grupo-, Bobby Farrell era el rostro más reconocible de Boney M, con su histrionismo salvaje y su vestuario hortera y kitsch. Al leer hoy la noticia de su muerte, me han venido a la mente sus pegadizas canciones, los bailoteos de otros tiempos, y no he podido evitar poner el cd.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Encontrado/muerto/Rusia/lider/Boney/M/elpepucul/20101230elpepucul_3/Tes

miércoles, 8 de diciembre de 2010

JOHN


Treinta años sin el mito. Yo apenas tenía ocho años cuando ocurrió y las canciones de los Beatles todavía no resonaban en mis oídos. Aquellos eran los tiempos de Leif Garrett, Alaska y los Pegamoides, unos jovencísimos Mecano, un otoñal Neil Diamond y un gigantón rubio llamado Richard Clayderman que tocaba el piano. Como véis, mis gustos eran bastante eclécticos y se dejaban influir por las notas que emergían de mi entorno más inmediato, ya fuera el tocadiscos de mi padre o la radio que escuchaba a toda pastilla la chica que limpiaba nuestra casa. ¿Os podéis imaginar a un chico de ocho años deseando que pusieran en la radio el Sweet Caroline? Pues sí, ése era yo. Pocos años después, cuando reuní dinero para comprar mi primer walkman, mis gustos se fueron redefiniendo, pero también aumentó mi curiosidad por esos cajones donde mi padre almacenaba rigurosamente clasificados todos sus vinilos. Justo encima de ellos, en un estante con la medida justa para albergarla, estaba la famosa caja azul que contenía todos los discos de los Beatles publicados hasta entonces. No hizo falta nada más. Desde entonces, sólo han cambiado los formatos -gracias a un amigo, ahora tengo en un cd-rom toda la discografía con letras y portadas incluidas-, pero el hechizo de sus canciones, su capacidad para sonar nuevas en cada escucha sigue ahí latente.
De aquel trágico momento, que convirtió a John Lennon en un mito, me quedo con el maravilloso relato "On John´s blood grew red roses o estará vivo por los siglos de los siglos" de Care Santos, incluido en Solos (Pre-Textos, 2000), donde la escritora se introducía en la cabeza de su asesino, Mark David Chapman. Los nostálgicos irredentos tenemos la oportunidad de desfogarnos con dos libros muy distintos editados de cara a los regalos navideños: la rigurosa biografía de Albert Goldman Las muchas vidas de John Lennon (Lumen), y la colección de recuerdos personales recopilados por su hijo -y también excelente músico- Julian en Beatles Memorabilia (Grijalbo).

martes, 2 de noviembre de 2010

Ídolos en zapatillas


Desde las páginas de Los Angeles Times -de cuyos primeros fogueos nos ofrece una entrañable crónica-, Robert Hilburn consiguió que la prensa prestara más atención al mundo del rock cuando éste todavía estaba en pañales y las míticas figuras que hoy están en la memoria de todos se labraban entonces su porvenir. Armado de la honestidad y el arrojo periodístico como principales armas -todo sea por la música-, Hilburn logró a lo largo de sus muchos años de carrera cubrir conciertos memorables como el Live Aid o entrevistar a iconos de la música estadonidense y europea en diferentes etapas de su carrera. Desayuno con John Lennon tiene la virtud de haber sido hilvanado cronológicamenten en el tiempo, de tal modo que asistimos, por ejemplo, al descubrimiento de unos casi imberbes U2, a su eclosión como figuras mediáticas y a sus discutibles últimos giros musicales, con lo cual tenemos ante nosotros el crecimiento personal y artístico de Bono y sus compañeros. Lo mismo sucede con otras grandes personalidades como Bob Dylan, Bruce Springsteen, Michael Jackson o Johnny Cash, al que Hilburn entrevistó en la prisión de Folson. El libro de Hilburn ofrece episodios memorables como la entrevista a John Lennon poco antes de ser asesinado, la charla telefónica con Courtney Love en la que se mostraba preocupada por el futuro de su marido Kurt Cobain -al que encontraría muerto poco después-, la emotiva charla con un Elvis hastiado de rodar películas, o los siempre difíciles acercamientos al casi inaccesible Bob Dylan. Pero el prestigioso crítico musical, capaz de pasar días muertos en un hotel a la espera de ser recibido por la leyenda en cuestión, también deja espacio en su libro para nuevos movimientos como el rap y para viejos géneros como el country. En sus varias décadas de profesión Hilburn ha tenido la suerte de codearse con los mejores y de saber compartirlo con los lectores sin adoptar tonos laudatorios ni sentirse coartado por políticas de empresa. Desayuno con John Lennon transmite un sabor humano, donde los grandes genios pierden su pedestal para bajar al nivel de sus fans. De este modo, se disfruta con su lectura aunque no compartas sus gustos musicales o no conozcas al artista en cuestión. Ésa es la gran virtud del crítico.