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viernes, 12 de abril de 2019

Porfiria Sanchiz y Jacinto Benavente

Si a algún dramaturgo estuvo ligada especialmente la carrera de Porfiria Sanchiz ese fue Jacinto Benavente (1866-1954), uno de los autores más representados en las primeras décadas del siglo. De hecho, en la temporada en que debuta nuestra actriz, la 1930-31, Benavente llegó a tener 28 obras suyas en los escenarios.
El primer encuentro entre ambos fue con motivo de una función de homenaje al autor organizada por la Confederación Nacional de Maestros el 22 de enero de 1931 en el Teatro Cómico de Madrid. La obra representada fue Despedida cruel. Menos de dos meses después, ya integrada en la compañía de Margarita Xirgu, Porfiria incorporará el personaje de María Antonia en la obra De muy buena familia, estrenada el 11 de marzo en el Teatro Muñoz Seca.
El 18 de enero de 1935, formando parte de la compañía Díaz de Artigas-Collado, estrenará No juguéis con esas cosas en el Teatro Eslava en una velada con espectadores ilustres como el doctor Gregorio Marañón o los escritores Eduardo Marquina, Edgar Neville y Federico García Lorca. Ya en plena guerra civil, y con la compañía de Gaspar Campos, lleva a escena Los malhechores del bien (Barral, 8-7-1938).

Integrada en la compañía del Teatro Español que tantos éxitos le deparará, Porfiria vuelve a encontrarse con Benavente en La losa de los sueños, estrenada el 8 de febrero de 1941, y en la reposición de Sin querer, que tuvo lugar el 6 de marzo. Todavía tendría una oportunidad más de enfrentarse a los textos del insigne dramaturgo con la representación de Al S. de S.M.I., estrenada por el Teatro Nacional de Cámara y Ensayo el 27 de junio de 1955 en el Teatro María Guerrero, incorporando a Catalina de Rusia.



miércoles, 1 de agosto de 2012

The reader´s diary (X)

Aunque entre una y otra existan diferentes gradaciones, básicamente hay dos grandes modos de biografiar, de contar la vida de otro: la biografía pura y dura, que se ciñe en orden cronológico a las fechas más significativas y a las obras más relevantes dejadas por el homenajeado, y la biografía literaria, la que, apoyándose en algunos datos conocidos de la persona en cuestión, elabora una trama narrativa donde la ficción convive con la realidad para ofrecernos un personaje más que una persona. Ambas son formulaciones válidas para lograr el mismo objetivo: acercarnos a una vida lo suficientemente interesante como para merecer el esfuerzo.
En el primer grupo podría encuadrarse El tiempo es un sueño pop (RBA), biografía de Juan Bonilla sobre Terenci Moix que mereció el último premio Gaziel. Acostumbrado a lidiar con todo tipo de géneros, o quizá sería mejor decir, a imbricarlos unos con otros para lograr extraños híbridos de ensayo y ficción, Juan Bonilla demuestra con este solvente trabajo que también es capaz de imponer su estilo a un proyecto más académico de los que suele atacar con su ocurrente y chispeante pluma. Envuelto en su capa de periodista -entrevistó a Moix en el sevillano hotel Alfonso XIII revelando que las entrevistas con el escritor no podían ser cualquier cosa- y amigo, Bonilla deja más espacio en su volumen para los primeros pasos del Moix escritor, su titubeante acceso al mundo literario en una Barcelona vanguardista, y esas primeras novelas en las que ofreció lo mejor de sí mismo. Menos campo deja para el Moix más popular, el de El amargo don de la belleza o El arpista ciego, quizá porque todos conocemos más esa historia de vedette y tiple amante de figurar en cualquier sarao televisivo. Bonilla entra al trapo en sus creaciones, las sopesa y las valora en su justa medida, hablando también de proyectos frustrados, de encargos, de pasajes delirantes y cruentos en su agitada vida, de una memoria cinematográfica enciclopédica que envidiaría el mismo Georges Sadoul... Además del conocimiento de su propia persona, Bonilla recurre al valioso testimonio de su hermana Ana María Moix, a críticas de suplmentos y revistas, o a la imprescindible correspondencia. El resultado, un libro que nos acerca al Moix más íntimo y también al más extrovertido, y que a buen seguro el homenajeado habría aprobado con creces.
Los amores oscuros (Temas de Hoy) pertenece, en cambio, al segundo grupo de biografías. Tomando como punto de partida la revelación hallada en el estudio de Agustín Penón sobre el último amor de Federico García Lorca, el también jerezano Manuel Francisco Reina -contando con testimonios del propio Juan Ramírez de Lucas, de amigos íntimos de la pareja, cartas y documentos inéditos- narra los últimos años del poeta tal como pudieron haber ocurrido a raíz de estas revelaciones, situando como protagonista al joven amor del poeta, quien desde la cama de un hospital decide contar su vida a la doctora que le atienda y, de paso, también al lector. Situándose en esta perspectiva amorosa, pero sin caer en el folletín lacrimógeno, Reina nos introduce en ese Madrid de la República donde la cultura hervía por cada rincón, pero también en esa capital que empezaba a resquebrajarse con los desafueros de los descontentos, precipitando esa guerra que acabaría con todo, también con ese amor oscuro que navegaba a contracorriente, condenado de antemano. Emocionante y con gran poder evocativo, Los amores oscuros nos confirma el talento de un joven narrador que ya había dado suficientes muestras en creaciones anteriores.

martes, 12 de abril de 2011

Yo también estuve en Víznar


Si Lorca hubiera nacido en alguna ciudad de Estados Unidos, probablemente ya tendría su parque temático. En el barranco de Víznar se habrían construido hoteles, centros de recepción para el visitante y, casi seguro, algún que otro puesto de hamburguesas ambulante. De buena nos hemos librado. Siempre había querido ir a Víznar, y en agosto pasado tuvimos la suerte de que un amigo que reside en Granada y conoce bien sus contornos, nos acercó en su coche. En medio de un sol abrasador, el barranco está someramente indicado y hay que dejar el coche como se pueda junto al mínimo arcén de la carretera. Tras un breve camino por un sendero, se llega al famoso panteón donde una tumba simbólica -la verdadera, seguramente nunca se sepa dónde está- recuerda al poeta. Más a la derecha, una serie de placas de diversas asociaciones recuerdan diferentes actos de homenaje a su memoria. En la soledad del lugar, el silencio sobrecoge y uno se pone a pensar en lo efímero de todo, en la cerrilidad de las ideas que parecen enquistarse para siempre.