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martes, 16 de agosto de 2011

The reader´s diary (IV)

Señores niños (Daniel Pennac) Mondadori, 2011. Por razones difíciles de explicar, Messieurs les enfants, uno de los títulos más populares de Pennac, permanecía inédito en español desde su ya lejana edición francesa de 1997, precisamente por las mismas fechas en que la hoy desaparecida Thassàlia nos presentaba su célebre tetralogía de Belleville. Quizá la adquisición de los derechos editoriales por parte de Mondadori y el estimable éxito de su anterior Mal de escuela han hecho aconsejable la publicación de este ejercicio que, como el anterior, se mueve a medio camino entre la ficción y el afán pedagógico. Unos adolescentes reciben de su rígido profesor el encargo de hacer una redacción imaginándose a sí mismos de adultos. Lo que ignoran es que la tarea se transformará en realidad para todos ellos y sus familias, así como para el incauto profesor. Deslizándose en la cuerda floja del absurdo y la ironía, Pennac no logra aquí brillar a la altura de sus mejores obras, pero sí nos ofrece otra excelente prueba de sus aptitudes para escribir de un modo inequívocamente personal.

París no se acaba nunca (Enrique Vila-Matas) Anagrama, 2003. En las escasas cuatro horas que separan las ciudades de Madrid y Estambúl di buena cuenta de esta lectura atrasada de Vila-Matas, llegando a la conclusión de que aún no he encontrado el libro que verdaderamente me convenza de su privilegiada posición en el parnaso de las letras. A ratos divertido, a ratos curioso, muy repetitivo y excesivamente egotista, me gustaría pensar que París no se acaba nunca fue concebido por el autor más como un pasatiempo para empeños de mayor enjundia que como un intento serio de autobiografía literaria.

Esta historia (Alessandro Baricco) Anagrama Compactos, 2009. A falta de leerme sus ensayos y alguna que otra de sus novelas, situaría Esta historia un escalón por debajo de las magistrales Tierras de cristal, Océano mar y Seda, pero sin duda por encima de la más convencional City. Tras dos primeras partes excepcionales, las conformadas por la infancia del protagonista y el diario de la guerra, Baricco no consigue situarse al mismo nivel con el resto, dibujando un personaje femenino que no está a la altura de su pareja, y precipitando el cierre de un círculo un tanto forzado. Aún así, hay pasajes imprescindibles en una historia que tenía todos los componentes para ser otra obra maestra.

martes, 3 de mayo de 2011

De una tacada

Para empezar, Baricco. Emaús quizá no esté a la altura de sus imprescindibles Seda, Océano mar y Tierras de cristal, pero no deja de tener atractivos. El mayor, sin duda, su indefinición genérica. ¿Se trata de una novela de iniciación, de un ensayo pseudoreligioso, de una novela nostálgica con aires del Amarcord felliniano? Nuestra manía por querer clasificarlo todo nos lleva con frecuencia al equívoco, a dejar de lado lecturas que pueden sorprendernos o aportarnos sugerencias de interés. Emaús es una novela devastadora. Los cuatro amigos y personajes principales, que parecen inmaculados al principio en virtud de una tradición religiosa que respetan a ultranza, se van desvirtuando al entrar en contacto con una joven adinerada de sexualidad ambigua y moral abierta. Después de conocer sus intimidades, nada será lo mismo para ellos. Baricco logra sus habituales párrafos de gran belleza y deja caer sus apostillas filosóficas, en esta ocasión, ligadas más a la reflexión religiosa, a la necesidad de creer o no. Una pieza más, en definitiva, de ese corpus literario que, con el tiempo, se hará más grande en las bibliografías y los estudios eruditos del futuro.
Sharon Waxman no se dedica, en cambio, a especular. Más bien es una enciclopedia viviente del saqueo artístico ocurrido en los últimos ¿años, decenios, siglos...? Acarreando información de primera mano, fruto de entrevistas, convivencia con mecenas, directores museísticos, defensores del patrimonio, etc., la autora de Saqueo. El arte de robar arte realiza un prolijo pero apasionante recorrido por el proceloso mundo del desfalco artístico, por los dimes y diretes de la profanación de las obras de arte. Recurriendo a numerosos episodios concretos, del Partenon a las pirámides egipcias, Waxman confronta los principales puntos de vista: el del país saqueado que exige la devolución, y el del nuevo propietario que se niega al retorno, matizando los pros y los contras, citando pormenores judiciales, relación de objetos, biografías desconocidas, capítulos vergonzantes, y, sobre todo, ofreciendo abundante información para que las posturas encontradas e irreconciliables se exhiban con todas sus luces y sombras. Al término de la lectura, no obstante, seguiremos con la duda de si sería más conveniente que el Louvre o el British mantengan bajo llave sus obras de más que dudosa procedencia, o si la devolución debería hacerse por sistema en caso de demostrable apropiación indebida, y aunque el país receptor no reúna las condiciones exigibles para su conservación adecuada.
Sólo conocía a David Mena por su microrrelato incluído en la antología Cuentos del alambre (Traspiés, 2004), el cual, por cierto, se integra ahora en La novia de King Kong (Berenice, 2010), con el que se ha hecho con el Premio Andalucía Joven de Narrativa. Al igual que sucedía con uno de los últimos ganadores del certamen, Braulio Ortiz Poole, la disposición de la obra de Mena es también algo atípica, pues se organiza como un conjunto de micorrelatos subdividido por grupos temáticos que abarcan algunos de los temás más afines al autor: el thriller, el cómic, los videojuegos, el circo, los cuentos infantiles, el cine, la mitología, la literatura medieval, los clásicos... Como suele suceder en estos casos, no todas las piezas están a la misma altura, pero en su gran mayoría consiguen atrapar al lector con su poder evocador, humorístico o su entramado referencial que remite a universos culturales facilmente reconocibles. Mena es un valor a seguir.