Su artículo -ilustrado con fotogramas de la película- es una muestra de una pasión desmedida por la literatura, una vocación inaplazable que yacía, creo, sepultado bajo el polvo de las hemerotecas, y que quizá ni su misma autora recordaba ya. Remediémoslo, por tanto, ahora:
Peter Pan en versión americana, por Pilar Paz Pasamar (Primer Plano nº 669, 9-8-1953)
Hasta que me enteré del último milagro, quiero decir de una de las últimas obras de Walt Disney, me había estado preguntando cómo entre tanto tema infantil y personajes de cuentos maravillosos, la figura de Peter Pan, el inolvidable niño de J.M. Barrie, no había saltado ya a la pantalla a cegar los ojos de todos con su gracia perversa de puro ingenua. Inconvenientes de la distancia; mientras pensaba esto, ya el chiquillo, vivito y coleando, y revestido de colores sabios, hacía no sé el tiempo que ocupó la pantalla por obra y gracia del artista americano. Y no hace mucho, durante un pasado curso universitario, comentábamos, casi con asombro, la mayor puntuación concedida por el catedrático a un compañero cuyo trabajo consistía, ni más ni menos, que en un inteligente estudio sobre la técnica waltdisniana. Pensar que las aulas no eran sitio apropiado para tratar el tema, acaso no fuese muy absurdo. Aunque el trabajo era muy bueno y se leyó con

Según creo, el mismo Barrie eligió, entre numerosas estrellas del cine mudo, a la ingenua Betty Broson para que encarnase al simpático Peter. Ahora es Walt Disney quien nos presenta la nueva versión del cuento fantástico, pero parece ser que la película no ha sido del agrado de todos. Según los compatriotas del autor, y suponemos que los más exigentes, el Peter Pan de Walt Disney no es el Peter Pan de J.M. Barrie, ni, por consiguiente, el personaje que nos llevó en nuestros primeros años a la isla de Nunca-Jamás. Yo he sentido al saberlo una profunda lástima por el Peter Pan made in U.S.A., que verá con asombro torcerse el gesto de los espectadores ante sus ademanes, no muy ingleses por lo visto. Supongo, en el caso que fuese posible, la vergüenza inmediata del pobre Peter, y su impotencia, también en el caso de que la sintiera, arrojar disimuladamente la goma de mascar y desprenderse de sus aires de muchachote americano. Reconozcamos que el público inglés está en el perfecto derecho de opinar como sienta, y comprendamos que el recuerdo de Broson haga suspirar a los más viejos; pero creo que no me equivocaré si me adelanto a decir que acaso nosotros no adoptaremos igual postura. Al fin y al cabo, las manos que lo han llevado a la pantalla son las únicas culpables, y esas manos nos han transportado tantas veces a la infancia, que sería un poco cruel estorbarle esta vez el delicioso camino de ida y vuelta; ese camino que nunca nos ha defraudado y que nos condujo, siempre niños, a la alfombra de peces, a la risa de los pájaros y las montañas luminosas. Creo así, y al menos por mi parte, este nuevo Peter Pan tendrá dispuesta una alegre emoción sin estrenar y mi sonrisa más bonachona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario