jueves, 5 de mayo de 2016

The Reader´s Diary (XLVII)

Los 80 años de Woody Allen han sido buena excusa para reeditar algunos de los mejores estudios sobre el prolífico y genial director neoyorquino, y también para pergeñar algunos títulos un tanto acomodaticios. El que hoy nos ocupa, Woody Allen, el último genio (Plaza&Janés, 2015), sólo puede entenderse de este modo, pues poco añade a la generosa bibliografía sobre el autor de Manhattan. Natalio Grueso, diplomático y amigo personal del cineasta, relata en primera persona algunas de las conversaciones y situaciones vividas con Allen en sus visitas a España, en algunas de las cuales ejerció como anfitrión. Podría pensarse que la impagable oportunidad de mantener un diálogo con el cineasta de tú a tú diera para juicios sobre algunos de sus trabajos, opiniones curiosas sobre el cine o la vida misma, o cuando menos alguna curiosidad desconocida de un rodaje o de su vida personal. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, Grueso se dedica a transitar por lugares comunes, clichés ya de sobra conocidos por los seguidores del director, sin aportar casi nada significativo sobre su vida y obra. A lo largo y ancho de un libro artificiosamente hinchado -letra grande, papel de gramaje generoso, fotos ilustrativas-, el autor se dedica a piropear al homenajeado en un tono amable que se acerca más al discurso de una cena honorífica. A pesar de no encontrar muchos motivos para la alegría, para los fanáticos del cineasta siempre es un placer regalarse los oídos -ojos en este caso- con los milagros y prodigios de su héroe.

Quizá algo excesivos sean también los honores tributados a Milena Busquets por su novela También esto pasará (Anagrama, 2014). A pesar de tratarse de un excelente trabajo, no hallo motivos para que sea considerado uno de los mejores del año ni de ese frenesí por hacerse con sus derechos de traducción antes de ser publicada. Si la comparo con otra novela reciente, El comensal, de Gabriela Ybarra, por abordar una temática de fondo parecida -la muerte de la madre y ser capaz de contarlo-, la novela de Busquets pierde a los puntos. En ambos casos, la narradora -alter ego de las autoras- hace de tripas corazón y decide echarse el dolor a los hombros en una novela intimista de alta graduación. Salir adelante es la meta. En el caso de Milena Busquets, la sombra alargada de la madre se filtra por un paisaje lleno de huidas físicas -a otros lugares, a otros cuerpos- y mentales, además de prolongarse hasta sus hijos, en los que trata de inocular un escudo protector. El lenguaje es duro, seco, sin concesiones, como si estas cosas no se pudieran contar de otro modo. La autora vacía su pesada mochila ante los ojos receptivos del lector, sin buscar compasión ni aquiescencia, sólo su papel de testigo de una tragedia que, de una forma más o menos cercana, le será conocida. Esta lenta intensa elegía in progress no tiene fisuras, pero tampoco ese armazón irreductible del que gozan las obras maestras.

miércoles, 24 de febrero de 2016

¿Nombre? Sancho Gracia

Que las series televisivas se han convertido en el gran fenómeno audiovisual de los últimos años no es ningún secreto. Lo que empieza a ser una novedad es que estén empezando a generar material bibliográfico para formar un apartado propio en la sección de imagen y sonido de las librerías. Algunos sellos, como Errata Naturae, tienen incluso su propia colección al efecto. Sin embargo, las series o sitcoms españolas parecían hasta la fecha ajenas a tomar parte en este -podríamos bautizarlo- "fenómeno eco", o lo que es lo mismo, vivir una nueva temporada, ahora sólo impresa, una suerte de "making off" editorial en el que diferentes especialistas y los propios protagonistas de la aventura televisiva dan cuenta de logros y resultados. Salvo raras excepciones, las factorías de ficciones españolas han preferido optar por la novelización de seriales -véase como ejemplo Amar en tiempos revueltos, Isabel, Sin identidad o El príncipe-, cuando no por la mera extrapolación de su propuesta televisiva al papel -Vivo cantando, Cuestión de sexo...-.

Por eso, la aparición de Dentro de El ministerio del tiempo (Léeme, 2015) podría suponer un cambio de tendencia, un intento de aportar algo más que una mera operación de refuerzo de marketing. Con la segunda temporada de la serie recién estrenada, uno podría pensar que la publicación del libro es prematura, pero fue tanta la expectación despertada y el consenso crítico en alinearla como una de las mejores series españolas de los últimos años que las teclas ardían de impaciencia por manifestar su admiración en un soporte más duradero que las redes sociales. Presentado en un formato de gran empaque, el libro es francamente sustancioso, ya que además de ofrecer entrevistas con los creadores de la serie -directores, guionistas, productores, etc.-, aglutina miradas de especialistas sobre diferentes ángulos de la misma y temas relacionados: los viajes en el tiempo en el cine y la literatura, el aspecto divulgativo, el humor, las referencias históricas, los decorados y ambientación, la disección de cada capítulo, el reparto, etc.

Un libro, en definitiva, que nos incitará a descubrir nuevos matices y a revisionar la serie para una jugosa confrontación en paralelo. Una lectura que también guarda espacio para el recuerdo, ya que uno de los ideólogos de la misma, Pablo Olivares, murió antes de ver terminado el proyecto, y a él y a su memoria va dedicado el libro. 

miércoles, 20 de enero de 2016

Bum-Bum Becker se confiesa

La imprevista y rápida derrota de Rafa Nadal en el Open de Australia nos puede hacer reflexionar sobre la longevidad del deportista, sobre su capacidad de mantenerse en lo más alto del candelero año tras año, capacidad en la que inciden a un tiempo los factores psíquico y psicológico. En el solitario mundo del tenis, en el que uno debe hacer frente al adversario y a sus fantasmas personales, sin posibilidad -salvo raras excepciones- de recurrir a los consejos de su entrenador, es frecuente que un jugador sufra altibajos a lo largo de su carrera y que resucite cuando ya nadie parecía contar con él. Lo vimos con Agassi y todavía podemos apreciarlo en Federer, poseedor de un físico privilegiado que parece estirarse en el tiempo sin atisbar su decadencia. Pero también ocurre el caso contrario, el jugador que despunta demasiado pronto y luego es incapaz de mantener cierta regularidad. Me viene a la mente ahora Michael Chang.
Boris Becker también pudo pertenecer a este grupo al convertirse en el jugador más joven en ganar Wimbledon con sólo 17 años. Los agoreros que le situaban como flor de un día se quedaron con un palmo de narices al constatar que al año siguiente repitió en el All England Club, que aún lo ganaría una vez más y que añadiría otros tres Grand Slam a su palmarés. Escrito en un tono sincero y amable, y sin alardes estilísticos -de hecho, la traducción peca en varias ocasiones de no limar fallos de expresión-, Boris Becker y Wimbledon (Indicios, 2015; misma editorial que publicó la autobiografía de Nadal) narra en primera persona el ascenso y caída de un mito del tenis que colocó este deporte, casi desconocido hasta su llegada, en el primer plano de la actualidad alemana. Editado con gran lujo e impresionante despliegue fotográfico, el libro nos permite conocer a un Becker íntimo que no escatima detalles sobre su codiciada vida privada, sus desencuentros con su colega Michael Stich, o sus problemas con los medicamentos. Por supuesto y, haciendo gala de su actual condición de entrenador de Novak Djokovic -quien le dedica el prólogo-, exhibe también sus atinados juicios sobre el tenis actual y sus protagonistas. Muy lejos del maravilloso Open de Agassi, el aficionado descubrirá, no obstante, muchas curiosidades sobre el tenis de las últimas décadas a través de uno de sus testigos más brillantes.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

The Reader´s Diary (XLVI)

Entre el más de centenar de obras que se publican al año en nuestro país de temática exclusivamente cinematográfica menudean las biografías, los estudios sobre directores, las obras que apenas rebasan el estadio de la curiosidad y los inefables volúmenes donde predomina lo visual, ya se trate de abordar éxitos recientes como apoyo de merchandising o la historia del cine a través de sus títulos más clásicos. Que aparezca, por tanto, un libro como el presente, un enjundioso ensayo que invita a mirar las películas de otra forma, es ya digno de aplauso.

Instrucciones para ver una película (Pasado&Presente, 2015), del crítico David Thomson, es un estimulante ejercicio de cinefilia, pero con la virtud de ser apto para todo tipo de públicos. Su autor nos lleva de paseo a lo largo de diferentes títulos significativos del siglo XX, no tanto por su calidad estética -pues hay de todo, de obras maestras a títulos de fama pasajera e incluso alguno que otro de escasa relevancia-, sino por lo que pueden aportar para el enriquecimiento visual del espectador. De ahí que confronte títulos que aparentemente guardan poco parentesco, descubra el doble fondo de un fotograma o se salga de la pantalla para entrar en la vida real de un actor o director. El caso es ir más allá de la imagen, encontrar los detalles y matices que se nos pueden pasar por alto en el primer visionado, alcanzar la pluralidad de significados y referentes que están presentes delante o detrás de la pantalla para engrandecer la experiencia que supone ver una película y recuperar esas sensaciones que parecen haber fagocitado internet, youtube y otros aparentes enemigos del séptimo arte clásico. Error. Thomson nos convence que hasta en creaciones visuales ideadas expresamente para estos nuevos formatos puede haber una belleza devastadora. La clave está en no quedarse con la primera impresión, sino en "trabajarnos" la imagen. Sólo de esa forma conseguiremos llegar donde el director quiso o donde nunca pensó que pudiéramos llegar.


Aunque Thomson se refiera fundamentalmente a películas, también dedica espacio, como se hace inevitable en la época dorada que vive la ficción televisiva, a varias series de referencia. Algunas de ellas ya han logrado germinar libro propio que las abordan desde diferentes ángulos. La revista Jot Down ha decidido en su tercer monográfico reunir las cien series teen imprescindibles en un desenfadado volumen.100 series juveniles (Jot Down, 2015), que reúne a numerosos colaboradores de la conocida publicación, es un divertido y amable viaje en el tiempo que nos sumerge en series de nuestra infancia, adolescencia, juventud, algunas de las cuales aún perduran en nuestros días. Ahí están series inolvidables de institutos como "Salvados por la campana" o "Parker Lewis nunca pierde", familiares como "Padres forzosos", "Los problemas crecen", "Alf" o "Blossom", infantiles como "Heidi", "Marco" o "Candy Candy", numerosos ejemplos del manga animado y muchas otras de las que guardamos recuerdos con olor a naftalina: "El gran héroe americano", "El coche fantástico", "La familia Addams", etc.

En dos páginas dedicadas a cada una no se puede hacer un análisis minucioso, así que prima el chiste fácil, la nostalgia empedernida y el tono conmovedor. Sin duda, una obra valiosa que nos invita a recordar a esos inefables compañeros de crecimiento que se incrusta y sobresale en la avalancha de títulos que se publican en estas fechas para recordar los símbolos de la generación de los ochenta y noventa. 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

The Reader´s Diary (XLV)

Que la vida de Frank Sinatra fue turbulenta no hace falta que venga nadie a descubrírnoslo. No es esa la intención del periodista Francisco Reyero, quien ya abordó episódicamente los escándalos del crooner en la Costa del Sol en su libro Cuerpos celestes (Ézaro, 2014), autor de Nunca volveré a ese maldito país (Fundación José Manuel Lara, 2015), memorándum de las diferentes estancias y correrías del cantante por el paisaje franquista español. Concebido al modo de los hoy desaparecidos teletipos periodísticos, la obra de Reyero es un exhaustivo trabajo de investigación gestado tras laboriosa pulsación de archivos y hemerotecas digitales amén de entrevistas con gacetilleros, fotógrafos y gente de la farándula que en algún momento se cruzó con el oscarizado astro. No se trata aquí de opinar sobre los desmanes, amoríos ni la bravura sexual de Sinatra, sino de dar fe de sus idas y venidas, motivadas casi siempre -rodajes aparte- por el cordón umbilical que le unió como un yugo al animal más bello del mundo, Ava Gardner, y que culminarían en un desencuentro absoluto rematado con la sentencia que da título al volumen. No esperen, sin embargo, la típica crónica fría y distante, pues Reyero se gusta con un estilo desenfadado y punzante, cronista certero de unos años que, desde luego, nunca volverán.

Certera se muestra también Sara Mesa en Cicatriz (Anagrama, 2015), novela de aparente sencillez que encierra más complejidad y capas textuales de lo descrito en su argumento: la relación de una pareja que se conoce por internet, él cleptómano confeso por vocación, ella humilde trabajadora receptora de sus desinteresados regalos. Sin hacer alardes estilísticos en una prosa muy temperada, Mesa consigue que la historia nos atrape desde el inicio y que nos impliquemos emocionalmente con ambos protagonistas, flagrantes testimonios de la despiadada soledad de la época actual, islas remotas que acaban juntándose casi por inercia. No nos equivoquemos: no estamos ante la típica historia de encuentro y/o desengaño amoroso, sino ante una feroz radiografía de la sociedad que vivimos -tecnología mediante- y las diferentes formas de afrontarla. Mesa consigue plenamente su objetivo: lograr que el resultado del duelo amoroso de la pareja nos importe bien poco, ya que las grandes virtudes de esta modesta novela residen en el trayecto, en los mensajes subterráneos que atesora.

lunes, 26 de octubre de 2015